SOMOS EL FIN Y NO SÓLO LOS MEDIOS
Por Joan Carel Yebra.
2012, año de tensiones, confusiones, mentiras y verdades. 2012, año de elecciones; un año teatral.
El próximo 1 de Julio del año en curso, seremos testigos
y generadores de un cambio presidencial de suma relevancia para el Estado
mexicano. Sobre el escenario están ya los
actores. Conocemos a los aspirantes oficiales al poder ejecutivo de los
partidos políticos con mayor fuerza del país; sabemos algunos antecedentes de
sus vidas y trayectorias, características de los papeles que representarán;
pero, aunque entreabierto, el telón sigue cerrado, y es difícil vislumbrar
quién tiene escrito en su libreto tocar la silla presidencial. Para nosotros,
los electores, la tarea comienza.
Escribió alguna vez la poetiza
mexicana Sor Juana Inés de la Cruz “…¿Por qué, contra vos mismo, severamente
inhumano, entre lo amargo y lo dulce, queréis elegir lo amargo?... Si es mío mi
entendimiento, ¿Por qué siempre he de encontrarlo tan torpe para el alivio, tan
agudo para el daño?...”
Es lamentable saberse rodeado, e
incluso, parte de una sociedad para quien seguramente fue dedicada la reflexión
que hemos citado de la “Décima Musa”; una sociedad bañada de pereza y apatía
que no se esfuerza por ver más allá de palabras dulces y caras bonitas. Parece
que vivimos en un Estado de juguete conformado por una población que, en su
mayoría, posee una actitud pasiva tanto
para sí mismo como para la sociedad, que no se interesa ni participa y se
conforma comprando envolturas vacías; gobernantes y políticos que fungen como
titiriteros; y hasta un territorio mutilado del cual ya no podemos decirnos
verdaderos soberanos.
Hoy jugamos a ser un Estado democrático. Somos espectadores de una riña vieja y
extendida a través del tiempo por el relevo de los competidores. Es una lucha
infinita con pausas, con triunfos temporales; una carrera para obtener el hueso
de oro: el hueso del poder. En esta competencia, la obtención del
poder pesa más que la defensa de los propios ideales. Basta recordar la
elección interna de los candidatos y las campañas actuales; con tal de ser al
menos parte del equipo de los elegidos
pululan las trampas y chismes, cambios radicales de bando, transformaciones
totales e instantáneas de ideologías, combinaciones absurdas de planes
opuestos, entre muchos otros recursos de los que se vale una mala política.
Una postura determinada no existe y
los ideales son sólo un disfraz de renovación constante que cubre a una esencia
vacía y extinta; un truco para infiltrarse y ganar el apoyo de un grupo. Entonces el valor de la persona se
vuelve relativo adoptando un carácter cuantitativo, convirtiéndonos en números y
fichas del enorme juego de mesa de la oligarquía.
Las campañas electorales asemejan a
una venta de propuestas envueltas en publicidad y mercadotecnia, en donde la
moneda de compra es nuestra confianza.
Este año es decisivo para México. Sin
importar el resultado de la elección
habrá cambios trascendentales que
implicarán toda una exploración, ya sea a la nueva forma del partido de antaño,
a un sistema completamente opuesto al tradicional, o a la figura femenina por
primera vez al mando.
Este año representa también, para
millones de jóvenes mexicanos, la puerta de entrada al mundo real. Nosotros,
los nuevos adultos y electores, tenemos el potencial de renovar a México de la
mano a nuestro crecimiento personal.
Para que un reloj funcione
correctamente marcando las horas, los días y, con ellos, los años, debe haber
un segundero que marche con exactitud. En el reloj de la sociedad nosotros
somos los segunderos, los ciudadanos.
La función del ciudadano es, sobre
todo en una democracia, ser un juez observador incansable que vigila y
dictamina, que conoce antes, durante y después de su decisión cómo debe ser el
actuar de aquel a quien juzgará; un juez que se involucra y exige cuentas
acorde a la confianza depositada en su elección.
La responsabilidad de la existencia de
gobernantes corruptos en gran parte recae en nosotros, la ciudadanía. Descendemos
al mismo nivel de ineficiencia e ineptitud al tomar decisiones sin un análisis
previo de los candidatos, sus pretensiones y capacidades. Es una burla al intelecto buscar engañar
y, aún más, permitir ser engañados. Retrocedemos demasiado por no detenernos un
breve momento a pensar cuál es la mejor forma de actuar. La única forma
efectiva de erradicar un conflicto es anticiparse a él y evitar que surja. El telón está a punto de abrirse.
Comienza la función. Seamos críticos no sólo de superficies; quitemos las
caretas a los personajes y analicemos el fondo.
Es tiempo de formular buenas
opiniones, de externar y buscar lo que necesitamos; pidamos actos y no
distractores. Tomemos el valor de ser personas y busquemos ser una generación
que haga pleno uso del rasgo
característico del ser humano: la razón.
Llegó la hora de crear nuevas
opciones, de forjar un plan que convenza por la solidez de sus argumentos; un
proyecto estudiado, justo y posible. Generemos una acción que no caiga en los
mismos errores del pasado ni en los del presente, pues sólo así podremos ver y
vivir la justicia poniendo un alto al
mundo de apariencias de la política.
Hagamos nuestra primera participación
como jueces con un digno y sabio edicto, haciendo renacer al mismo tiempo una
conciencia de ideales consistentes, verdaderos y profundos.
Basta de ser espectadores y
consumidores inútiles. Seamos nosotros los protagonistas de un nuevo escenario libre de farsas, de un nuevo
México. Cortemos de tajo los hilos que nos atan como títeres y elijamos el
rumbo como personas; avancemos al progreso con plena conciencia,libertad y autonomía,
porque, por derecho, ¡somos el fin y no sólo los medios!







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