La visita del Papa y el Estado laico
La reciente visita del Papa dió de que
hablar. Ya que en términos prescriptivos se planeó como una visita de carácter
religioso, pero en términos descriptivos se avecina un empuje electoral y
político para el partido conservador que se caracteriza por tener principios de
tendencia religiosa: el PAN.
No infringe ninguna ley su
representación como jefe de Estado e Iglesia. El problema se presenta cuando
los distintos órganos de gobierno; que son laicos, le disponen la
infraestructura y presupuesto del erario, por mencionar: la remodelación a la catedral,
al puente del milenio, la expo-bicentenario y las calles donde circuló.
Por otro lado se manifestó una
violación al art. 33 constitucional que indica: “Los extranjeros no podrán de
ninguna manera inmiscuirse en los asuntos políticos del país”. Ya que la
arquidiócesis de México, en representación del papa apuntó acerca de su visita: “Podrá decir una palabra de nuestra realidad política y social; no hay
temas ajenos a las preocupaciones de la Iglesia y por eso no hay asuntos que no
pueda tocar en su mensaje religioso y social”.
Aparte de que su visita se
vislumbra como un espaldarazo a la posible reforma propuesta el anterior mes de
diciembre al art. 24 constitucional, con el propósito de eliminar el texto que
restringe el culto en la vía pública y
solo lo permite en los templos. Con ello se legalizaría una práctica cada vez
más común en el país y garantizaría una completa libertad para el desarrollo
del culto religioso en las calles.
Con lo cual peligra el estado
laico, que sangre y dolor en demasía le
costaron al país; tanto en el intento de separación Iglesia-Estado en 1833 por
el entonces presidente Valentín Gómez Farías, y después la exitosa reforma por
parte de los liberales en la guerra de los 3 años.
En el primer suceso, una terrible
epidemia de cólera que se presentó en México sirvió de pretexto al clero para
denunciar que su destitución de privilegios era castigado por dios de esa manera,
además del apoyo incondicional de la iglesia a los conservadores a lo largo de
toda la historia del país.
Un estado laico no ataca ningún
tipo de culto ni religión; simplemente no impone ni prohíbe religión alguna,
fomentando así la aceptación de la diversidad religiosa, mas no una
implantación. Por lo tanto yo estoy a favor de su visita si, y solo si,
mantiene un estricto apego a la Carta Magna. Y me declaro en contra de este
ministro religioso, como también de cualquier otra persona que visite mi país,
nacional o extranjera, religiosa o no, que no se apegue a la Ley Suprema
mexicana.
Los gobiernos teocráticos se
han caracterizado por una constante
intolerancia al libre examen de las ideas y a dogmatizar la educación. Así como
por una centralización del poder, yendo en contra de los principios liberales y
la teoría de la división de poderes.







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