Pages - Menu

viernes, 24 de agosto de 2012

Soliloquio al amanecer

El reloj marcaba las 12:15 de la media noche. Y aunque mi cerebro está más que cansado, mis pestañas no ceden, y en cambio mis ojos deambulan sin rumbo fijo, hasta que al fin se posan sobre mi reflejo en la ventana de mi cuarto. Vaya que me veo bastante cansado. Flaco, despeinado, ojeroso y sin ilusiones, pensativo en un mar de tribulaciones.

Ruego a mi cuerpo por un poco de sueño. Quiero volver a ese mundo onírico que me lleve hasta tus brazos, hasta tu cálido pecho, hasta tus lúgubres ojos... Me sentía como si estuviera atrapado en medio de un video de Radiohead, aquella canción sobre androides paranoides, pero tal vez el único paranoico aquí, sea yo.
 
Una parte de mi desea con todas sus fuerzas dormir, dormir para llegar hasta ti. En cambio, otra parte de mi se arrepiente por completo. Es esta parte de mi ser, la que no quiere verte sino puede tenerte. Si, tenerte entre sus brazos, abrazarte a su pecho, fundir tus labios con los míos, para luego liberarte. Y es entonces cuando me doy cuenta que el superyo no esta haciendo bien su trabajo.
 
Y mientras tanto el reloj marca casi las 2am. ¡Ya estoy harto de este trastorno! Odio soñar contigo. Pero también odio cuando no lo hago. Sin duda necesito unas vacaciones sin tantas reflexiones. Quizás con una dosis de Porter mi cuerpo se relaje. O tal vez un poco de Moby para que al fin “amarre”. Pero no, ¿A quién engaño? ¿Tal vez solo a mi reflejo? No, el no es tan idiota.
 
Cuando el reloj marca las 4am en punto, mis pestañas al fin ceden, mi mirada se detiene y en la oscuridad se me pierden. Por fin. Al fin he de reunirme junto a ti, frente a ti. En busca del alba. En busca de ti.
 Demian